Argentina supera el promedio mundial de bienestar en 10 de 12 indicadores, según un estudio internacional

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Argentina supera el promedio mundial de bienestar en 10 de 12 indicadores, según un estudio internacional

Datos del Global Flourishing Study muestran que los argentinos se destacan en bienestar psicológico, social y prosocial, a pesar de registrar una fuerte preocupación por su situación financiera y la seguridad. Investigadores de la Universidad Austral, en colaboración con equipos de Harvard University y Baylor University, identifican una “paradoja del bienestar argentino”: elevados niveles de florecimiento personal y social que conviven con fragilidad socioeconómica.

Un estudio internacional basado en datos representativos de la población adulta argentina revela que el país supera el promedio global de bienestar en 10 de los 12 indicadores del Secure Flourishing Index (Índice de Florecimiento Seguro), una herramienta que mide el florecimiento humano de forma multidimensional.

Los resultados surgen del Global Flourishing Study (Estudio Global sobre el Florecimiento Humano), la mayor investigación longitudinal sobre bienestar realizada hasta el momento, que releva a más de 200.000 personas en 22 países. El análisis específico para Argentina, liderado por investigadores de la Universidad Austral en colaboración con equipos de Harvard University y Baylor University, fue publicado recientemente en la revista académica International Journal of Wellbeing.

El estudio muestra que los adultos argentinos presentan niveles superiores al promedio internacional en dimensiones vinculadas con el bienestar psicológico, las relaciones sociales y el carácter prosocial. En contraste, las dos dimensiones donde el país queda por debajo del promedio global corresponden a la estabilidad económica y material, reflejando mayores preocupaciones por ingresos y seguridad financiera.

Cómo se realizó el estudio y cómo se mide el florecimiento

El Global Flourishing Study (GFS, por sus siglas en inglés) es un proyecto internacional que releva a más de 200.000 personas en 22 países con el objetivo de comprender la distribución y los determinantes del bienestar humano en distintos contextos culturales.

La primera ola del estudio incluyó 6.724 participantes en Argentina y recogió datos entre 2022 y 2023 mediante encuestas diseñadas para ser representativas a nivel nacional. El estudio prevé un seguimiento longitudinal de los participantes hasta 2027.

Para evaluar el bienestar, el trabajo utiliza el Secure Flourishing Index, un indicador que integra múltiples dimensiones del florecimiento humano en cinco dimensiones. En la dimensión de bienestar psicológico se evaluaron felicidad, satisfacción con la vida, sentido, propósito y salud mental autopercibida; en bienestar social, la conexión social subjetiva y la satisfacción con las relaciones; en carácter y conductas prosociales, la promoción del bien y la gratificación diferida; en salud física y comportamientos de salud, la salud física autopercibida; y en resultados socioeconómicos, la preocupación financiera por los gastos cotidianos y la preocupación material por seguridad, alimentación o vivienda.

Este enfoque permite capturar no solo el bienestar presente, sino también su sostenibilidad en el tiempo.

La paradoja argentina del bienestar

Los resultados muestran un patrón particular: altos niveles de florecimiento en dimensiones personales y relacionales que coexisten con fragilidad socioeconómica.

“Nuestro estudio muestra que el nivel de florecimiento de los adultos, es decir, el grado en que las personas experimentan bienestar integral, se ubica por encima del promedio conjunto de todos los países participantes en el GFS en las dimensiones de bienestar psicológico, bienestar social y carácter y conducta prosocial”, explica Claudia Vanney, investigadora de la Universidad Austral y una de las autoras del estudio.

“Paradójicamente, los niveles de bienestar vinculados a resultados socioeconómicos se encuentran muy por debajo del promedio general. Esto nos permite plantear la hipótesis de que nuestro contexto, en comparación con otros países, podría compensar en parte esta situación a través de otros factores positivos: la ausencia de climas extremos, desastres naturales de gran magnitud, conflictos sociales generalizados o guerras; las oportunidades que brinda el país mediante el acceso gratuito a la educación y al sistema público de salud; la posibilidad de vivir cerca de la naturaleza; y, de manera especialmente relevante, la religión”, agregó Vanney, quien además es directora del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral.

Religiosidad y florecimiento

El estudio también identifica una asociación entre religiosidad y mayores niveles de florecimiento en la población argentina.

“Este último factor fue analizado en profundidad en el trabajo. Los resultados muestran que los adultos argentinos que se identifican como cristianos presentan niveles más altos de florecimiento en comparación con personas no religiosas que comparten características demográficas similares. Asimismo, una mayor frecuencia de asistencia a servicios religiosos se asocia con niveles más elevados de florecimiento”, señala Vanney.

Sobre la investigación

El estudio fue realizado por Claudia E. Vanney, Belén Mesurado, Arturo L. Fitz Herbert, Tim Lomas, R. Noah Padgett, Brendan Case, Richard G. Cowden, Ying Chen, Byron R. Johnson y Tyler J. VanderWeele, y publicado en la revista académica International Journal of Wellbeing.

Sus resultados aportan evidencia empírica para el monitoreo del bienestar a nivel poblacional y abren nuevas líneas de investigación sobre los factores que sostienen el florecimiento humano en contextos sociales complejos.

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