Cuando la tensión entre Israel y Hezbollah amenazaba con abrir una nueva fase de la guerra en Líbano, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que intervino personalmente para evitar una ofensiva israelí sobre Beirut y afirmó que también obtuvo un compromiso del grupo armado libanés para detener los ataques.
“He mantenido una conversación muy productiva con el primer ministro Bibi Netanyahu, de Israel, y no habrá tropas que vayan a Beirut, y cualquier tropa que esté de camino ya ha dado media vuelta”, escribió Trump en una publicación en Truth Social.
Las declaraciones llegaron después de una jornada marcada por una fuerte escalada militar. Horas antes, el gobierno de Benjamin Netanyahu había ordenado ataques contra los suburbios del sur de Beirut, una zona conocida como Dahiyeh, considerada el principal bastión político y militar de Hezbollah. Israel justificó la decisión al acusar al grupo de reiteradas violaciones del alto el fuego y de lanzar ataques contra ciudades israelíes.
La advertencia israelí provocó escenas de tensión en la capital libanesa. Miles de habitantes abandonaron los suburbios del sur de Beirut después de que el ejército israelí pidiera evacuar determinadas áreas. Las carreteras de salida quedaron congestionadas mientras numerosas familias buscaban refugio en otros barrios de la ciudad.
En paralelo, los combates continuaban sobre el terreno. Durante la noche, Hezbollah lanzó ataques con cohetes y misiles contra el norte de Israel y afirmó haber atacado posiciones militares israelíes. Israel, por su parte, informó que interceptó proyectiles disparados desde territorio libanés. La televisión pública israelí Kan informó posteriormente que Israel tenía preparado un ataque de gran escala contra Dahiyeh, pero que la operación quedó suspendida a último momento debido a la intervención de Estados Unidos.
Ese dato otorgó una nueva dimensión a las declaraciones de Trump. Hasta entonces, la preocupación internacional se centraba en la posibilidad de que Israel ampliara significativamente sus operaciones militares dentro de Líbano. Según la información difundida previamente, las fuerzas israelíes habían alcanzado en los últimos días su punto más profundo dentro del país en 26 años.
Trump sostuvo además que mantuvo contactos con Hezbollah a través de representantes de alto nivel y afirmó que el grupo aceptó detener los disparos.
“Tuve una conversación telefónica muy buena con Hezbollah, y acordaron que cesarían todos los disparos; que si Israel no los ataca, ellos no atacarán a Israel”, señaló.
La crisis se desarrolló en un momento especialmente delicado desde el punto de vista diplomático. Israel y Líbano tenían previsto iniciar una nueva ronda de conversaciones directas en Washington, un proceso inusual para dos países que no mantienen relaciones diplomáticas formales y que apenas habían celebrado contactos directos en más de tres décadas.
Funcionarios libaneses intentaban contener el deterioro de la situación mediante una intensa actividad diplomática con Washington y otros actores internacionales. Beirut mantenía su compromiso con las conversaciones pese al aumento de las tensiones militares y a las amenazas de nuevas operaciones israelíes.
Antes de las declaraciones de Trump, ya habían trascendido gestiones de la administración estadounidense para evitar una expansión del conflicto. Un funcionario norteamericano reveló que el secretario de Estado, Marco Rubio, había hablado con Netanyahu y con el presidente libanés, Joseph Aoun, para explorar mecanismos que permitieran sostener las negociaciones y reducir la violencia.
Con su mensaje, Trump se atribuyó directamente el mérito de haber evitado una ofensiva sobre Beirut y de haber obtenido una pausa en los ataques de Hezbollah. Si la versión difundida por la televisión pública israelí se confirma, la intervención estadounidense no solo habría contribuido a reducir la tensión, sino que también habría frenado una operación militar que amenazaba con abrir un nuevo capítulo en la guerra entre Israel y el grupo armado libanés.
