Escapadas cerca: cuatro pulperías donde la tradición bonaerense sigue viva

La Provincia

Escapadas cerca: cuatro pulperías donde la tradición bonaerense sigue viva

Entre caminos rurales, pueblos que conservan su ritmo propio y mesas donde el tiempo se estira sin culpa, las pulperías y almacenes de ramos generales en la provincia de Buenos Aires funcionan como faros de identidad. Ofrecen gastronomía pero van más allá. Son lugares donde la memoria está viva en su patrimonio cultural y como escenarios donde se respira historia.

Desde el centro hasta el sudoeste y el norte una escapada por cuatro pulperías propone conocer la esencia criolla: mesa larga, sobremesa sin reloj y relatos que atraviesan generaciones.

Pulpería Mira Mar, en Bolivar
Donde la llanura pampeana se abre infinita, entre caminos rurales aparece la Pulpería Mira Mar -@pulperiamira_mar-, una de las últimas de su estilo que se mantienen en la Provincia de Buenos Aires.

Ubicada en Bolivar, su historia se remonta a fines del siglo XIX, cuando la familia Urrutia comenzó a escribir un capítulo que todavía continúa. Juan Carlos Urrutia, propietario actual, recuerda el origen de esa tradición familiar y destaca:

“Don Mariano Urrutia, mi bisabuelo, llegó de San Sebastián en 1876. En 1884 compró estas tierras y comenzó a construir la pulpería. Desde entonces, la historia de nuestra familia está unida a este lugar”.

A lo largo de generaciones, el edificio fue almacén de ramos generales, punto de abastecimiento y centro social. Conservando su esencia se transforma en una gran experiencia para el turismo.

“Además de ser pulpería, es un museo: acá está parte de la historia del pueblo, con pisos y paredes de barro originales y objetos de época”, agregó.

Las mesas largas siguen siendo el corazón del espacio para compartir picadas, empanadas, asados y jornadas patrias. “Las mesas son grandes para que se sienten todos juntos, compartan la comida y las experiencias”, valoró Urrutia.

Desde 2007, Mira Mar reforzó su vínculo con el turismo, organizando encuentros, busecas multitudinarias y jornadas especiales. “La idea es que siga siendo un lugar de encuentro, donde la gente pueda revivir la historia todos los días”, expresó.

Por qué vale la pena la escapada: porque Bolívar ofrece paisajes que descomprimen de verdad y Mira Mar le pone alma al viaje, porque comer bien también es sentir que, por un rato, todo vuelve a ser simple.

Almacén Museo “El Recreo”, Chivilcoy
Sobre Camino de la Tradición, el Museo Almacén “El Recreo” -@museoalmacenelrecreo- es una verdadera cápsula del tiempo, una inmersión en la vida rural bonaerense de fines del siglo XIX, cuando el almacén de ramos generales era centro social y corazón del pueblo.
Fundado en 1882 en Chivilcoy por el bisabuelo de la familia Cura —recién llegado de Italia—, el edificio se mantiene intacto desde su construcción. María Elena Cura, propietaria junto con sus hermanos José Carlos y Mariano, explica el valor histórico del lugar: “Este almacén funcionó como almacén de ramos generales hasta 1970. Fue muy importante en la vida cultural del pueblo porque era un lugar de reunión y de provisión económica.”

Ubicado en una zona de chacras y remates, fue parada obligatoria de quienes viajaban hacia el oeste bonaerense: comían, dormían, tocaban la guitarra y jugaban al truco. Recibió al reconocido Circo de los Hermanos Podestá, en 1886, cuando presentó su versión de Juan Moreira en el municipio y llegó a ser uno de los primeros lugares en contar con teléfono.

Entre mostradores originales, propagandas comerciales de mediados del siglo XIX, piezas típicas de bar como ceniceros, botellas de diversas marcas, marquillas de cigarrillos, cajas de fósforos, registros de fondas, faroles, herramientas y otras curiosidades, el museo conserva una colección íntegra. “Lo que se exhibe es totalmente original, no hay nada envejecido ni inventado. Quien lo visita se lleva una imagen auténtica de lo que fue un almacén de ramos generales desde 1881 hasta los años 60”, resaltó María Elena.

En 1970, su tía y su padre compraron la propiedad a sus familiares para preservarla y, con el tiempo, se transformó en museo. “Es mi casa, yo vivo acá, y hacemos un cuidado del lugar diariamente siempre respetando los materiales de la época. La estructura está tal cual como se levantó. Hacemos visitas guiadas los fines de semana y también algunos eventos culturales, guitarreadas y lanzamientos de libros”, explicó.

Como posta de viajeros ilustres, María Elena recuerda que el doctor Honorio Pueyrredón pasaba por allí y utilizaba el lugar como punto de encuentro cuando viajaba en coche de caballos desde la capital.

Un viaje directo a la vida rural bonaerense, a pocos kilómetros de la ciudad, donde la tradición todavía se puede ver, tocar y escuchar.

Boliche de Bessonart, San Antonio de Areco
Ubicado en la esquina de Zapiola y Segundo Sombra, el Boliche de Bessonart – @boliche_de_bessonart- forma parte del entramado histórico de San Antonio de Areco, una mítica pulpería asociada al gaucho que inspiró a Ricardo Güiraldes para escribir Don Segundo Sombra.

Desde afuera se distingue la pared en curva y suele decirse que su perfil inclinado se parece al de la Torre de Pisa. Con más de dos siglos de historia, conserva techo original y paredes que guardan el paso del tiempo.

Areco es sinónimo de cultura criolla, artesanías, estancias y celebraciones tradicionales durante todo el año y el Boliche de Bessonart representa una escena completa de época: mesas donde generaciones compartieron historias y un ambiente donde el pasado convive con el presente.

En épocas de Inteligencia Artificial, una escapada que es verdadera historia viva, no un decorado.

Pulpería La Tranca, Coronel Suárez
En el sudoeste bonaerense, Coronel Suárez combina paisaje rural y serrano, tradiciones vivas y una fuerte identidad comunitaria. En la localidad de Cura Malal, ese espíritu se siente con especial intensidad en la Pulpería La Tranca- @latrancadecuramalal-.

Mercedes Resch, artista y gestora cultural nacida y criada en el pueblo, está a cargo del proyecto.“Novena de diez hijos, crecí en Cura Malal. Mi papá es trabajador rural, básicamente el pueblo está entre estancias y todos tenemos mucha relación con el entorno rural”, contó.

El boliche que se convirtió en La Tranca, estaba a la vuelta de su casa en la infancia. Allí compraba con libreta y su padre cerraba la cuenta. “Cuando regresé de estudiar Bellas Artes en Capital Federal, este lugar era una tapera. Lo compré y reconstruí de a poco. Así, en 2010 nació este espacio cultural que integra arte, poesía, danza, música y publicaciones”, detalló.

Para Mercedes, la pulpería es el motor del proyecto. “La pata más viva, la que da vitalidad a todos los proyectos. Cada viernes es un punto de encuentro y a partir de ahí suceden recitales, bicicleteadas, muestras o presentaciones de libros”, relató.

Recorrer Cura Malal y el partido de Coronel Suárez y conocer la Pulpería La Tranca, permite descubrir un sudoeste bonaerense donde la tradición no es recuerdo: es experiencia presente.

Las pulperías ofrecen sabores únicos, con recetas criollas de antaño en escenografías que parecen de películas, donde la memoria no está en vitrinas sino en la conversación.

Para conocerlas solo es necesario tomar la ruta, elegir un pueblo y dejarse llevar por el aroma del asado, el piso de barro o la guitarra que suena de fondo.

Bolívar, Chivilcoy, San Antonio de Areco y Coronel Suárez invitan a descubrir que en la provincia de Buenos Aires la tradición no es nostalgia: es experiencia viva, lista para ser descubierta.

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