30/04/2026

Ormuz como test de estrés: China muestra resiliencia energética, pero expone su fragilidad tecnológica

Mundo

Ormuz como test de estrés: China muestra resiliencia energética, pero expone su fragilidad tecnológica

Un eventual bloqueo del Estrecho de Ormuz vuelve a poner en primer plano no solo la dependencia energética global, sino la capacidad de adaptación de cada economía. Un análisis del Instituto de Energía de la Universidad Austral sostiene que China llega mejor preparada para absorber un shock energético, aunque mantiene vulnerabilidades estructurales en tecnología.

Las disrupciones energéticas no solo afectan volúmenes y precios: también reordenan prioridades y exponen capacidades reales de adaptación. El estrecho de Ormuz funciona como un caso testigo. Por allí circula una porción crítica del petróleo y del GNL global y, cuando su operación se ve comprometida, el mercado deja de operar bajo lógica de eficiencia y pasa a hacerlo bajo lógica de resiliencia.

En ese contexto, la diferencia no está en quién consume más energía, sino en quién puede reconfigurar más rápido su abastecimiento. Bajo ese criterio, China no aparece como un actor pasivo, sino como una economía que viene ajustando su estructura energética y logística con anticipación.

“El sistema deja de premiar eficiencia y empieza a premiar capacidad de adaptación”, sintetiza Luciano Codeseira, codirector del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

Petróleo: estrategia en contexto de disrupción

La primera señal se observa en el mercado petrolero. El vínculo con Irán no responde solo a una lógica geopolítica, sino también a una lectura económica de oportunidad.

En 2025, China importó cerca de 1,4 millones de barriles diarios de crudo iraní a precios inferiores a 60 dólares. Cuando la crisis en Ormuz desordenó los flujos globales en marzo de 2026 y los inventarios cayeron con fuerza, Beijing volvió a moverse en sentido contrario: incrementó sus reservas en torno a 40 millones de barriles.

“No fue táctica, fue estrategia: comprar en disrupción, arbitrar precios y geografía, y construir margen cuando el sistema se vuelve más frágil”, explica Codeseira.

El enfoque es consistente: China no busca independencia energética —inviable a su escala—, sino reducir vulnerabilidades.

“Acepta la dependencia, pero trabaja para gestionarla mejor que el resto”, resume el co-director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

Gas: diversificación y menor exposición relativa

En el gas, la lógica es similar. Aunque China mantiene una dependencia externa significativa, el foco está en cómo se compone esa dependencia.

El crecimiento del gas por ducto y proyectos como Power of Siberia 2 apuntan a reducir la exposición relativa al GNL marítimo, particularmente vulnerable en escenarios como Ormuz.

“La variable clave no es cuánto importa China, sino cuán expuesta está a rutas críticas en momentos de estrés”, señala el especialista.

Carbón y estabilidad del sistema

El carbón sigue cumpliendo un rol central, con más del 55% de la generación eléctrica. Más que una contradicción con la transición energética, funciona como garantía de estabilidad frente a la volatilidad.

Una ventaja relativa, con límites claros

En un escenario de disrupción en Ormuz, los países más afectados serían aquellos con alta dependencia de GNL y menor capacidad de sustitución, especialmente en Asia. China, aun con su exposición al crudo de Medio Oriente, aparece mejor posicionada por su capacidad de adaptación.

Sin embargo, el análisis introduce un matiz clave: su principal fragilidad no está en la energía, sino en la tecnología. La dependencia de semiconductores avanzados y de proveedores críticos —como ASML— limita su margen en sectores estratégicos.

“Ahí aparece un límite más estructural que cualquier shock energético”, advierte Codeseira.

De la energía a la tecnología

La disrupción, en línea con la visión de Joseph Schumpeter, no solo genera tensiones, sino que redefine ventajas.

En ese desplazamiento, China muestra una capacidad creciente para gestionar su vulnerabilidad energética, pero todavía enfrenta restricciones más rígidas en su base tecnológica.

“La ventaja no está en evitar la disrupción, sino en absorberla y convertirla en cambio”, concluye.

Subir