En el Día del Director, Santander Argentina junto a Fundación Varkey, dieron a conocer a los tres finalistas de la primera edición de “Directores que Transforman”, elegidos entre más de 200 postulaciones de todo el país. El ganador se conocerá en el mes de noviembre y recibirá $5.000.000 para impulsar un proyecto de mejora en su escuela, de conformidad con las Bases y Condiciones del programa.
“Directores que Transforman – Premio Santander al Liderazgo Escolar”, es una iniciativa que reconoce y pone en valor el rol de los equipos directivos como motor de transformación educativa en la Argentina. El anuncio se produce en una fecha simbólica: el Día del Director en el país.
Los tres finalistas son Jimena Pi, fundadora y directora general del colegio CFI Lucero (San Isidro, Buenos Aires); Ariel Bizzotto, director de la Escuela N.° 1-591 “Luis María Drago”, en zona rural del departamento de San Martín, Mendoza; y Sebastián Patricio Liaudat, director del nivel secundario del Instituto San José, en Baradero, provincia de Buenos Aires.
Una convocatoria a nivel nacional
Se trata de la primera edición de este premio, impulsado por Santander Argentina, con el acompañamiento de Fundación Varkey —organización de referencia internacional en el reconocimiento a la tarea docente y directiva— en el diseño del proyecto y en el proceso de evaluación de las postulaciones. La convocatoria estuvo abierta entre abril y junio, y durante julio y agosto se analizaron más de 200 postulaciones y nominaciones de directores de todo el país.
Quiénes son los tres finalistas
● Jimena Pi – Centro de Formación Integral Lucero, San Isidro (Buenos Aires)
Hace casi 30 años, con poco más de veinte, Jimena Pi decidió no abandonar a siete chicos con discapacidad que se habían quedado sin escuela. Junto con sus familias y su amiga y colega Leandra Garofalo, pintó rejas, lavó pisos y fue docente, directora y hasta personal de mantenimiento para sostener un proyecto que hoy es conocido como Lucero, una de las instituciones de educación especial más grandes del país: casi 600 estudiantes y familias en San Isidro, entre jardín, primaria, un Centro de Formación Integral para jóvenes con discapacidad intelectual y un programa de inclusión escolar que acompaña a otros 300 chicos en escuelas comunes de la zona norte del conurbano bonaerense.
Licenciada en Psicopedagogía, Jimena combina la mirada clínica con la pedagógica: en Lucero se trabaja desde las posibilidades y no desde las limitaciones, con propuestas como una feria de ciencias hecha por estudiantes
no lectores o una puesta de «Alicia en el País de las Maravillas» con más de 160 alumnos arriba del escenario. Ese enfoque le valió a la institución un premio educativo de la Provincia de Buenos Aires, gracias a un proyecto de literatura con el que compitieron con más de cien escuelas comunes y especiales, públicas y privadas.
Hoy dirige la institución y el nivel secundario, y acaba de lanzar Lucero Puentes, un proyecto que busca darle a los egresados un camino de formación e inserción laboral después de la secundaria. Madre de cuatro hijos, dice sin vueltas que el colegio es «su quinto hijo»: para ella, liderar es sostener docentes, familias y estudiantes, con la convicción de que la transformación —de las instituciones, las familias y la mirada social sobre la discapacidad— siempre es posible.
● Ariel Bizzotto – Escuela N.° 1-591 “Luis María Drago”, San Martín (Mendoza)
Ariel Bizzotto ni sabía que estaba postulado a un premio: fue su propia maestra de séptimo grado, hoy colega suya, quien lo nominó sin decirle para qué. Es director de la Escuela rural N.° 1-591 «Luis María Drago», en Colonia Gómez, Montecaseros, departamento de San Martín, Mendoza, adonde llega recorriendo 120 kilómetros por día en auto desde Maipú. De sus 69 alumnos, 54 viven a más de dos kilómetros de la escuela, muchos en puestos rurales o fincas sin agua, y llegan a través de cinco recorridos de transporte escolar que la propia institución organiza.
Buena parte de su tarea consiste en resolver lo que falta en la zona: gestionó una salita de primeros auxilios después de que un alumno viera merodear una víbora por la zona, logró el cierre perimetral de la escuela, formó la cooperadora escolar y consiguió subsidios municipales que financiaron desde un órgano musical hasta controles de vista para los chicos. Este año, además, consiguió donaciones de ropa y calzado y creó premios por asistencia perfecta —una réplica de la copa del mundial incluida— que mejoraron la asistencia entre un 60% y un 70% en una comunidad donde muchos chicos faltaban por no tener con qué abrigarse. Bajo su conducción, impulsó también un proyecto de hidroponía con apoyo del INTA para cultivar en un suelo árido donde nada crecía, y la escuela llegó hasta la instancia nacional de Ferias de Ciencias.
Ariel sale de su casa a las 5:30 de la mañana y muchos días vuelve recién a las 8 de la noche, pero se mantiene firme gracias a una convicción de que su oficio es el más transformador.
● Sebastián Patricio Liaudat – Instituto San José, Baradero (Buenos Aires)
Todos los días, a las 6:40 de la mañana, Sebastián Liaudat abre la escuela y se para en la puerta para saludar personalmente a cada estudiante. “Es una manera de reconocer que hay un otro. Ellos saben que los estoy viendo, que están siendo tenidos en cuenta”, explica. Esa escena resume buena parte de su manera de entender la educación: una escuela se transforma cuando cada estudiante siente que tiene un lugar y que su presencia importa.
Es Director del Nivel Secundario del Instituto San José, una escuela de gestión privada y confesional de Baradero, Buenos Aires, con alrededor de 900 estudiantes entre jardín, primaria y secundaria. Trabaja allí desde 2010 y dirige el secundario desde hace tres años y medio, después de haber sido durante siete años Director de un Bachillerato para Adultos de la misma ciudad. Es Licenciado en Tecnología Educativa y Profesor de Matemática, y continúa dando clases en la UTN, la UNSAdA y un profesorado de la zona. Muchos de sus exalumnos vuelven a encontrarse con él años después, ahora como estudiantes universitarios o incluso como colegas.
Su forma de conducir parte de una convicción: estar cerca para escuchar, pero también para transformar. Desayuna cada día con distintos estudiantes, mantiene las puertas de su dirección abiertas y genera espacios para que los adolescentes puedan proponer, participar y tomar decisiones sobre su propia escuela. Impulsó talleres extracurriculares optativos elegidos por los propios estudiantes a partir de encuestas — porque, dice, «hoy muchos adolescentes sienten que van a la escuela porque tienen que ir. Nosotros queremos que vayan porque quieren estar ahí»-. Además sostiene desde hace más de ocho años las charlas TED-Ed, convencido de que la escuela también debe ofrecer espacios donde los jóvenes puedan descubrir intereses, desarrollar su voz y encontrar nuevas formas de expresarse y aprender.
Bajo su liderazgo, el colegio incorporó tecnología en las aulas de secundaria y avanzó en un proceso participativo para definir una nueva orientación, consultando a estudiantes, familias, docentes y egresados. También fortaleció el vínculo entre la escuela y la comunidad a través de proyectos solidarios y de servicio, con visitas a hogares de niños y adultos mayores y acciones junto a organizaciones locales.
Una de las transformaciones que más lo moviliza está, quizás, en las personas: varios de sus exalumnos hoy forman parte del equipo que educa a nuevas generaciones —como profesores, preceptores y referentes de pastoral—. Para Sebastián, esa continuidad expresa algo profundo: una escuela deja huellas cuando quienes alguna vez fueron estudiantes también desean volver para ayudar a construirla. Su desafío como director es que la escuela sea mucho más que un lugar al que los chicos tienen que ir. Quiere que sea un espacio seguro, de encuentro y de oportunidades; un lugar donde puedan sentirse reconocidos, aprender, participar y descubrir que también pueden transformar la realidad que los rodea.
Cómo sigue el proceso
Los tres finalistas accederán a una beca de formación para seguir fortaleciendo su liderazgo escolar. Entre ellos se elegirá a un ganador el 17 de noviembre en un evento en Buenos Aires. El ganador recibirá un reconocimiento económico de $5.000.000, destinado exclusivamente a impulsar un proyecto o iniciativa de mejora en su escuela.
Acerca de Directores que Transforman – Premio Santander al Liderazgo Escolar
Es una iniciativa de Santander Argentina que busca identificar, reconocer y fortalecer a directoras y directores de escuelas de todo el país que, con su liderazgo, transforman la vida de sus comunidades educativas. Nace de la convicción de que, así como los docentes forman a las futuras generaciones, son los equipos directivos quienes hacen posible ese trabajo día a día desde la conducción de las instituciones. Cuenta con el
acompañamiento de Fundación Varkey, organización de referencia internacional en la valorización de la tarea docente.
La participación en el programa y la selección de los finalistas se realizaron conforme a las Bases y Condiciones publicadas en [sitio web] : Premio Fundación Varkey
