La empresa, con más de 70 años de historia no soportó dos años de políticas libertarias y quebró el año pasado. Casi 150 trabajadores fueron despedidos.
En noviembre del año pasado y tras más de 70 años de historia, La Suipachense cerró sus puertas y despidió a sus casi 150 trabajadores luego de que la Justicia decretara la quiebra. Ahora, casi un año después la empresa, una de las más emblemáticas de la cuenca lechera bonaerense, reabrió sus puertas.
Fue luego de que el juez Leandro Julio Enríquez autorizó el alquiler de la planta, las maquinarias y las marcas comerciales a un nuevo operador, la Compañía Láctea Suipacha SA. La reapertura representa, dijeron, un paso clave en el proceso de recuperación de una firma que durante décadas fue uno de los principales motores económicos de la localidad y una referencia para la actividad láctea de la región.
El acto de reapertura reunió a trabajadores, proveedores, representantes de la firma que asumió la operación de la planta y autoridades provinciales y municipales. Entre los asistentes estuvieron el subsecretario de Desarrollo Comercial y Promoción de Inversiones de la provincia de Buenos Aires, Ariel Aguilar, y el subsecretario de Relaciones del Trabajo bonaerense, Andrés Reveles.
Según contó a La Nación el intendente de Suipacha, Juan Luis Mancini, el reinicio de las operaciones será gradual. En una primera instancia ingresarán 53 trabajadores, mientras que al momento de la quiebra la empresa empleaba a 142 personas. “Ya empiezan a ingresar trabajadores a la fábrica y a armar todo el circuito productivo”, explicó el jefe comunal.
La planta cuenta inicialmente con unos 50 mil litros de leche para comenzar a elaborar leche larga vida y yogures. Además, la intención es avanzar progresivamente con la habilitación de otros sectores estratégicos de la fábrica. En ese sentido, Mancini señaló que también está previsto poner nuevamente en funcionamiento la secadora y la quesería. El objetivo es recuperar gradualmente la capacidad productiva que tuvo la empresa antes de la crisis y volver a elaborar no solo quesos, sino también otros derivados lácteos como manteca y crema.
La Suipachense era el principal empleador privado del distrito y generaba una masa salarial cercana a los 400 millones de pesos mensuales. Por eso, cuando la planta dejó de operar, el impacto se extendió mucho más allá de sus trabajadores.
